En las tierras rojas de Tequila, Jalisco, donde el sol baña los campos de agave
con su luz dorada y el viento cuenta historias ancestrales, nació la leyenda
de Potrancon.
Dicen los viejos jimadores que hace décadas, en una de las haciendas más fértiles
de la región, vivía un potro de espíritu indomable. Desde su nacimiento, corrió
libre entre los surcos de agave, saltando con fiereza y desafiando el viento.
No había valla que lo contuviera ni jinete que pudiera domarlo. Era el alma de
la tierra, el reflejo de la pasión y la determinación de aquellos que, con manos
curtidas por el trabajo, han cultivado el agave por generaciones.
Cuando la hacienda enfrentó tiempos difíciles, los dueños pensaron en vender al
potro, pero los jimadores lo protegieron, viendo en él el mismo carácter fuerte y
puro que tiene el tequila bien hecho. Fue entonces cuando decidieron honrar su
espíritu inmortalizando su esencia en un tequila: Potrancon.
Cada gota de Tequila Potrancon es un homenaje a esa fuerza indomable. Nace del
mejor agave azul, cultivado y cosechado con el mismo amor y respeto que nuestros
ancestros dedicaron a la tierra. Su destilación sigue procesos tradicionales, pero
con un carácter audaz, como aquel potro que nunca pudo ser domado.
Hoy, al descorchar una botella de Potrancon, no solo se bebe tequila, se bebe
historia, se bebe la pasión de los que trabajan la tierra.